Odisea de una madre para adoptar - Contra viento y marea

 

Una adopción es un camino largo, emotivo y lleno de obstáculos para toda pareja. Pero cuando las cosas se complican aún más por circunstancias trágicas e inesperadas, solo la tenacidad y la fortaleza pueden lograr que ese niño soñado encuentre definitivamente la familia que tanto necesita.

Una tragedia le cambió el rumbo

En diciembre de 2003, después de más de un año de papeleo, Ana y Eduardo Abellán viajaron a una aldea rusa para conocer al que iba a ser su hijo adoptivo, Nikita. Pocos días antes de realizar el segundo y definitivo viaje para traer al pequeño a España, su país de residencia, Eduardo falleció inesperadamente.

Los meses que siguieron se convirtieron en una pesadilla kafkiana para Ana Correa, que además de padecer el dolor de la pérdida repentina de su esposo, se vio obligada a enfrentarse con un laberinto de obstáculos burocráticos, empeñados en anular la adopción del pequeño, que entretanto había sido hospitalizado en un orfanato ruso. Parecía que todo lo trabajado por ese niño, todas las ilusiones y esperanzas que habían comenzado dos años antes, iban a resultar en papel mojado.

La idea de adoptar a un niño rondaba la cabeza del matrimonio desde el nacimiento de su única hija, Danae. Ana había cumplido ya los 45 años por lo que quedarse de nuevo embarazada no era una alternativa.

“Al principio pensamos en colaborar con una ONG o apadrinar a un niño, pero luego pensamos que dado que teníamos una posición económica privilegiada, lo mejor sería darle un hermanito a Danae”, cuenta Ana.

Ana y Eduardo decidieron adoptar a un niño extranjero porque la lista de niños españoles estaba cerrada. En 2001 los españoles adoptaron 3.428 niños, la mayoría de ellos (el 46 por ciento) procedentes del este de Europa y Rusia, seguidos por Asia (el 32 por ciento) y América Latina (el 21 por ciento). El matrimonio Abellán se decidió por Rusia, que no exigía como los países latinoamericanos y China una estancia de un mes en el país de adopción.

El precio de adoptar

Como toda adopción en España, los trámites iniciales se realizaron a través de la administración del Estado. Una vez que consiguieron los informes psicológicos, económicos y el certificado de idoneidad necesarios, decidieron contactar con una ciudadana rusa que trabaja desde hace años facilitando adopciones a parejas españolas. El proceso, como en todos los países, es complejo, largo y caro. “En total nos gastamos 18 mil euros sin contar los dos viajes a Rusia. Con este dinero se han pagado todos los trámites burocráticos, traducciones, certificados, incluso “donativos” o sobornos al orfanato ruso para acelerar el proceso... etc”, indica Ana.

Precisamente lograr cuanto antes la adopción se convirtió en una de las prioridades de la pareja después de conocer al pequeño Nikita de 19 meses: “El niño estaba ingresado por problemas respiratorios en un hospital viejo, sucio, sin ningún tipo de medios. Nos parecía un campo de concentración. Carecían de medicamentos, incluso de alimentos, por lo que la directora del hospital nos pidió que contribuyéramos con comida para los pequeños, que sólo tenían leche. Decidimos también escribir al Ministerio en Moscú explicando la situación del niño para que aceleraran el proceso”, cuenta.

Las cartas surtieron efecto porque en enero de 2004 se fijó la fecha del juicio definitivo después del cual los Abellán podrían traer a España a Nikita. Pocos días después falleció Eduardo.

La reacción inicial de la administración española fue paralizar el proceso de adopción y comunicar a Ana que debería esperar un año y empezar de cero todo el proceso, pese a que presentó nuevos informes económicos y psicológicos que daban fe de su capacidad de criar a un niño por sí sola. Entre tanto, Nikita volvería a ser introducido en la base de datos de niños rusos para adoptar.

Ana no se dejó amedrentar ni aceptó la explicación de la administración. Desde que le conoció se había sentido la madre de Nikita y haría lo que fuera por traer a su hijo a España, máxime cuando el niño seguía enfermo, con bronquitis crónica e ingresado en el centro hospitalario.

Siguieron meses de lucha incansable, de cartas, de llamadas, de peticiones, un esfuerzo que muchos no habrían llevado a cabo, especialmente en una situación de vulnerabilidad emocional. En ese tiempo logró contactar con el Defensor del Menor, responsable de las adopciones, con cargos públicos y políticos, incluso con los medios de comunicación. Ninguna medida, ningún esfuerzo era despreciado, se trataba de sacar cuanto antes a Nikita del hospital ruso y darle un hogar en España.

“Existen varios precedentes de nuestra situación. Logré contactar con un padre catalán cuya mujer había fallecido antes de recoger al niño y quien finalmente había adoptado al pequeño”, relata.

Pero afortunadamente la tenacidad ha dado resultado. Después de tres años de trámites administrativos, de realizar dos veces el proceso de adopción, de perder a su esposo y luchar incansablemente por el pequeño, Ana y Danae pasarán las navidades con Nikita.