LA VUELTA AL COLE. La escolarización de los niños adoptados

Los niños adoptados visten de diversidad las aulas, aunque a menudo sólo les distinguen sus rasgos étnicos

La Vanguardia 12/9/2004

MARICEL CHAVARRÍA - 12/09/2004
Barcelona

Un primer día de colegio en Catalunya es ya sinónimo de imparable mezcla de etnias. Que el mundo se ha hecho pequeño es una realidad atribuible no sólo a la inmigración. El fenómeno de las adopciones internacionales (753 en lo que va de año) está aportando una inesperada diversidad incluso a los barrios altos de Barcelona. Como Áurea, Lu, Dimitri o Natalia (Natasha en su Rusia de origen), muchos niños que debutan en P3 estrenan país, familia y escuela. Lo único que les distingue de la ponderada identitat son acaso sus rasgos étnicos, pues su adaptación a una nueva situación social, otra lengua, otro apellido, otra comida, otros olores, colores y tactos no hace sino avanzar.

“La escuela tiene un importante papel en la integración social de estos niños”, señala Victoria Fernández Ontiveros, experta en acogidas y adopciones, y profesora en Eutses Pere Tarrés. “Y no se reduce a la función de los maestros sino a la de los compañeros de aula: los padres de estos otros alumnos tienen su trabajo, ya que de su actitud dependen las de sus hijos”.

La tendencia sobreprotectora no es de extrañar, pues son niños que han afrontado situaciones duras desde muy pequeños: el abandono o la orfandad, el hospicio, la falta de estímulos, una salud precaria..., y ahora otra cultura. Esa condición de supervivientes los sitúa a menudo entre los más espabilados de las aulas.

Pero ¿qué conocen estos pequeños de sus orígenes? El debate sobre qué pueden saber ellos de su pasado se ha quitado mucha caspa de encima, sobre todo al tratarse de adopciones internacionales y perderse el miedo a que el menor sea reclamado por sus padres biológicos. Hoy los padres adoptivos sienten inquietud por la cultura en las que sus hijos nacieron y están dispuestos a ir allí con ellos.

“Todo lo que pasa en Rusia nos afecta”, confiesa Anna Arcusa, quien en mayo fue con su marido a Moscú –y luego a una ciudad cercana a Siberia que había sido un gulag– para buscar a Natalia y Dima, dos hermanitos de 4 y 3 años. Los cursos preparatorios que siguen los adoptantes para conseguir el certificado de idoneidad abordan el modo de informar al adoptado de su realidad: el cómo fue abandonado requiere un tacto extraordinario. Además, se les remarca que existe una parte de la vida de estos niños que ellos desconocerán. Y no sólo eso. El carácter del niño con relación a su cultura es un dato vital. Un eslavo, por ejemplo, es probable que rechace ser tocado en exceso, pues no está acostumbrado. Además hay que adaptar el tono de voz a sus oídos.

Arcusa lleva un mes anunciándo a sus niños que van a ir al colegio. “Temo que sufran una recesión, que sientan que se les vuelve a abandonar, pero creo que lloraré más yo que ellos cuando los deje en la escuela”.